Argumentación en Medea
La tragedia griega se
caracteriza por presentar familias en conflicto por generaciones, porque con la
sangre se hereda un destino, una responsabilidad, una maldición, entre otras
cosas. Además, en este tipo de textos es común la presencia de un coro, que a
veces es interpretado como el verdadero protagonista de la tragedia.
En este trabajo se analizará específicamente el uso de la argumentación
en Medea, de todos
los personajes que aparecen en la obra y exponen argumentos.
Medea, en el primer diálogo que mantiene con el coro (que hay que
recordar que es un grupo de mujeres), se muestra como una mujer muy triste, al
punto de querer morirse: “Este mal, que me ha sobrevenido cuando no me lo
esperaba, ha desgarrado mi corazón acabando conmigo, y como la vida no tiene ya
atractivo para mí, deseo morir.”. Sin embargo, también se muestra como una mujer
con ira y hambre de venganza: “[…] Desearía que me indicases algún modo de
vengarme de estos males que mi esposo me causa […]”.
El segundo diálogo que voy a analizar es el que sucede entre Medea y
Creonte, en el cual ella trata de persuadir al rey para que no la destierre (ya
que quiere llevar a cabo su venganza) y para que minimamente la deje quedarse
un día más. Para convencerlo, Medea acudió a tres sentimientos para que Creonte
se apiade de ella: El de matrimonio: “¡Oh no, por tus rodillas y por tu hija
recién casa!”, el de patria: “¡Cuánto oh patria, me acuerdo de ti ahora!”, y el
de maternidad, con el cual finalmente lo convence: “Concédeme de plazo este
solo día y pensaré en donde he de refugiarme con mis hijos, ya que su padre no
se cuida de ellos; compadécete de su suerte, que tú también los tienes; míralos
con agrado. Poco me curo de mi y de mi destierro, pero deplore su mala fortuna.”.
Uno de los
diálogos mas importantes, es el primero que ocurre entre Medea y Jasón, en el que
ella se muestra tal cual es: una mujer repleta de ira porque su esposo la ha abandonado:
“¿Has venido a vernos, has venido a vernos cuando te odio mas que a nadie?”.
Además,
ella lo acusa de haberla abandonado gravemente, ya que ella dice que es por ella
que el es un héroe, porque lo ayudó en muchas de sus hazañas: “Te salvé, como
saben todos los griegos que se embarcaron contigo en la nave Argos, cuando
guiaste los toros uncidos al yugo, para sembrar el mortífero campo; y después
que mate al vigilante dragón que guardaba el vellocino de oro envuelto en sus
mounstrosos pliegues, viste por mí la luz saludable”.
También le echa en cara que ella ha sacrificado muchas cosas para estar
con él: “Yo misma, abandonando traidoramente a mi padre y a mi familia, te acompañe
a yolcos […]”.
Sin embargo, Jasón la contradice, explicando que ella se benefició mas
que él con el matrimonio: “En primer lugar, vives en la Grecia y no en país bárbaro, y has
conocido en ella lo que valen el derecho y las leyes, no la arbitrariedad y la
violencia; todos los griegos alaban tu ingenio, y has alcanzado gloria, y si
habitases en los últimos confines del orbe, nadie hablaría de ti.”.
Además, el le explica que en realidad no se
casa por amor verdadero, sino por conveniencia y por amor a ella y a sus hijos:
“¿Qué mayor ventura para mi que casarme con la hija del rey, no siendo mas que
un mísero desterrado?”.
Un punto importante en la obra es cuando el
coro deja de apoyar los planes de Medea ya que estos son muy macabros: ella
pretendía mandar presentes para la nueva esposa de Jasón mediante los hijos.
Estos regalos estarían envenenados, por lo tanto, cuando ella los tocara, moriría.
Además, ella mataría a sus hijos también, pues no hay peor castigo para un
hombre que quedarse sin descendencia. En ese momento el Coro le pide que no
lleve a cabo sus planes: “Ya que nos has participado de tus proyectos, queremos
servirte y defender las leyes de los mortales, y te exhortamos, por tanto, a
que no los realices.”.
En su segundo diálogo con Jasón, Medea
utiliza una máscara social, por lo tanto le pide perdón por su mal
comportamiento: “Suplícote, Jasón, que perdones mis anteriores palabras; justo
es que disimules mi ira, ya que tanto te he servido.”. Por su parte, Jasón, de
una manera muy crédula, le cree todas las mentiras y acepta los obsequios: “Alabo
tu conducta presente ¡oh mujer!”
En conclusión, se puede afirmar que Eurípides presentó a Medea como una
mujer astuta y valiente, que se rebelaba contra la sociedad y trasgrede todo
esteriotipo de mujer de la época, lo que es muy impresionante. Por otro lado,
también sorprende como él presentó a Jasón, pues en varios momentos de la obra,
el es muy crédulo y cae en las trampas de Medea.