lunes, 26 de mayo de 2014

Ensayo Medea


Argumentación en Medea

  La tragedia griega se caracteriza por presentar familias en conflicto por generaciones, porque con la sangre se hereda un destino, una responsabilidad, una maldición, entre otras cosas. Además, en este tipo de textos es común la presencia de un coro, que a veces es interpretado como el verdadero protagonista de la tragedia.
  En este trabajo se analizará específicamente el uso de la argumentación en Medea, de todos los personajes que aparecen en la obra y exponen argumentos.
  Medea, en el primer diálogo que mantiene con el coro (que hay que recordar que es un grupo de mujeres), se muestra como una mujer muy triste, al punto de querer morirse: “Este mal, que me ha sobrevenido cuando no me lo esperaba, ha desgarrado mi corazón acabando conmigo, y como la vida no tiene ya atractivo para mí, deseo morir.”. Sin embargo, también se muestra como una mujer con ira y hambre de venganza: “[…] Desearía que me indicases algún modo de vengarme de estos males que mi esposo me causa […]”.
  El segundo diálogo que voy a analizar es el que sucede entre Medea y Creonte, en el cual ella trata de persuadir al rey para que no la destierre (ya que quiere llevar a cabo su venganza) y para que minimamente la deje quedarse un día más. Para convencerlo, Medea acudió a tres sentimientos para que Creonte se apiade de ella: El de matrimonio: “¡Oh no, por tus rodillas y por tu hija recién casa!”, el de patria: “¡Cuánto oh patria, me acuerdo de ti ahora!”, y el de maternidad, con el cual finalmente lo convence: “Concédeme de plazo este solo día y pensaré en donde he de refugiarme con mis hijos, ya que su padre no se cuida de ellos; compadécete de su suerte, que tú también los tienes; míralos con agrado. Poco me curo de mi y de mi destierro, pero deplore su mala fortuna.”.
  Uno de los diálogos mas importantes, es el primero que ocurre entre Medea y Jasón, en el que ella se muestra tal cual es: una mujer repleta de ira porque su esposo la ha abandonado: “¿Has venido a vernos, has venido a vernos cuando te odio mas que a nadie?”.
  Además, ella lo acusa de haberla abandonado gravemente, ya que ella dice que es por ella que el es un héroe, porque lo ayudó en muchas de sus hazañas: “Te salvé, como saben todos los griegos que se embarcaron contigo en la nave Argos, cuando guiaste los toros uncidos al yugo, para sembrar el mortífero campo; y después que mate al vigilante dragón que guardaba el vellocino de oro envuelto en sus mounstrosos pliegues, viste por mí la luz saludable”.
  También le echa en cara que ella ha sacrificado muchas cosas para estar con él: “Yo misma, abandonando traidoramente a mi padre y a mi familia, te acompañe a yolcos […]”.
  Sin embargo, Jasón la contradice, explicando que ella se benefició mas que él con el matrimonio: “En primer lugar, vives en la Grecia y no en país bárbaro, y has conocido en ella lo que valen el derecho y las leyes, no la arbitrariedad y la violencia; todos los griegos alaban tu ingenio, y has alcanzado gloria, y si habitases en los últimos confines del orbe, nadie hablaría de ti.”.
  Además, el le explica que en realidad no se casa por amor verdadero, sino por conveniencia y por amor a ella y a sus hijos: “¿Qué mayor ventura para mi que casarme con la hija del rey, no siendo mas que un mísero desterrado?”.
  Un punto importante en la obra es cuando el coro deja de apoyar los planes de Medea ya que estos son muy macabros: ella pretendía mandar presentes para la nueva esposa de Jasón mediante los hijos. Estos regalos estarían envenenados, por lo tanto, cuando ella los tocara, moriría. Además, ella mataría a sus hijos también, pues no hay peor castigo para un hombre que quedarse sin descendencia. En ese momento el Coro le pide que no lleve a cabo sus planes: “Ya que nos has participado de tus proyectos, queremos servirte y defender las leyes de los mortales, y te exhortamos, por tanto, a que no los realices.”.
  En su segundo diálogo con Jasón, Medea utiliza una máscara social, por lo tanto le pide perdón por su mal comportamiento: “Suplícote, Jasón, que perdones mis anteriores palabras; justo es que disimules mi ira, ya que tanto te he servido.”. Por su parte, Jasón, de una manera muy crédula, le cree todas las mentiras y acepta los obsequios: “Alabo tu conducta presente ¡oh mujer!”
 
  En conclusión, se puede afirmar que Eurípides presentó a Medea como una mujer astuta y valiente, que se rebelaba contra la sociedad y trasgrede todo esteriotipo de mujer de la época, lo que es muy impresionante. Por otro lado, también sorprende como él presentó a Jasón, pues en varios momentos de la obra, el es muy crédulo y cae en las trampas de Medea.